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miércoles, junio 2

Mi epitafio.

Cuando muera, quiero que pongan en mi tumba esto:


Don't want to start any blasphemous rumours
But I think that God's got a sick sense of humor
And when I die I expect to find Him laughing
-Depeche Mode
¿Ya pensaron en el suyo? Píquenle aquí para leer unos verdaderamente divertidos, o ingeniosos y originales. ¿Qué les gustaría que dijera su tumba?

lunes, abril 13

Felis silvestris catus

Odio los gatos, tan presumidos, indiferentes, altivos, creídos. Se pasean por la vida muy orondos por la vida... y por lo techos... y por todas partes.

Odio los gatos.

Su pelaje volátil, sus dientes afilados y sus olores... ¡sus olores! Sus orejas puntiagudas, delicadas y puntiagudas, frágiles y puntiagudas. Sus bigotes, escasos y largos... ¡sus bigotes!

Esta semana tuve dos experiencias desestables con esa especie. La primera fue en una grabación que estoy haciendo de unas cápsulas de recomendación de libros, para el programa matutino De todo un poco. Estaba muy concentrada en mi discurso, y en eso que me pasa el gato y se me restriega en las piernas ¡Confianzudo! ¡Guácala!. Tendría que lavar el pantalón, pensé.

Hice un gran esfuerzo al principio, como toda profesional que soy. Una segunda restregada no soporté y pedí que cortaran la grabación -como toda una diva, hasta que ese gato se fuera muy pero muy lejos. Funcionó.

La segunda experiencia es la causante de unas leves ojeras que traigo. Cada noche se escuchan ruidos sobre mi cama, es decir, sobre el techo, pero no tan lejos, algo más cerca, algo así como arriba del cielo (cartón de yeso). Pasos, ruidos extraños, alambres que se mueven, maderas que crujen, metales que chocan. Adivinaron: es el gato. Con todo y terror superé mi honda acrofobia, subí al techo y coloqué varias piezas de ladrillo. Inútil. Algún recoveco dejè al descubierto que no tardó en hacer el mismo concierto nocturno.

Veremos que pasa hoy.

viernes, junio 6

...A-que-no-me-encuen-traaaas...


¡Adivina donde estoy Marge!

jueves, enero 17

A volar

Hace pocos años me tocó tomar uno de los vuelos directos más largos que hay en los EUA (en comparación, pues). Fui la primera en llegar, empezó la gente a llenar la salita y me acerqué a una mujer que estaba detrás del mostrador para preguntarle algo. Subimos al avión y vi a esa misma mujer con una gorra muy mona y pensé que era la asistente del piloto.

Fue el mejor vuelo que he tomado, tranquilo y justo en la madrugada, aterrizamos justo cuando el sol apenas mostraba su copete. Después una azafata nos comunicó que ese era el primer vuelo del piloto, nos solicitó un aplauso por ello. Su nombre pertenecía a una mujer, salió y le brindamos un fuerte aplauso, aunque yo internamente traía una pena enorme, nunca imaginé que la mujer de la gorrita linda era la piloto.

Hoy me despertó un sueño. Viajaba en un avión sobre Mexicali, era una piloto. Cuando los demás pasajeros empezaron a gritar me di cuenta que estábamos en problemas pero volteé a ver a la piloto y tenía un aplomo envidiable, no se mostraba nerviosa pero sí muy concetrada y segura de sí, apenas pestañeaba. En ese momento vi que su intención era aterrizar en plena avenida Zaragoza, el cálculo era sumamente difícil, sobretodo porque había mucho tráfico y el semáforo se iba a poner en rojo en breve tiempo. Afortunadamente alcanzamos el "anaranjadito" y logramos evitar provocar una tragedia. Pero el problema es que el avión traía mucha viada además que la curvita que hace la avenida aunada del segundo semáforo eran dos obstáculos muy difíciles de pasar. La piloto me sorprendió porque en microsegundos dio solución al gran conflicto: puso a girar al avión en su propio eje, justo frente al COBACH. En un momento me marié, pero me agarré muy muy fuerte de... algo, no sé qué era pero no se me quitaba el mareo que cada vez era más y más fuerte, y el avión no paraba de girar, y yo me mareaba y... me desperté.

Hoy me he dado cuenta que todos los días intento ser esa piloto. En problemas grandes, me gustaría solucionar todo girando sobre mi propio eje, no perder la determinación y tener el temple necesario para llegar con vida hasta el final.

jueves, julio 12

El nuevo gobernador

Esta madrugada soñé algo rarísimo. Se anunciaba en ese lugar la inminente llegada del nuevo gobernador. Yo estaba trabajando, era un evento. Entonces el gobernador, sonriente y apresurado, nos saludaba a la vez que gritaba a diestra y siniestra órdenes para que todo llevara su sello personal.







Recuerdo que, recorriendo aquel inmenso lugar cuya arquitectura aún permanece ilógica, nos ubicamos en un salón, del cual salían unas inmensas escalinatas, hacia un primer piso o subterráneo, era todo techado y con algo de sofisticación básica, para aparentar cierto lujo ante el invitado que era el pueblo, así nomás "el pueblo".







-¿Que el anterior gobernador cobraraba en estos eventos? Bah, aquí no, todo el pueblo puede entrar: todo.







Dijo el señor de cabellera oscura, a la vez que su esposa lo correteaba siempre tratando de alcanzarlo, ya que no se quedaba quieto.







Yo iba acompañada de mi abuela (qepd) y ella sólo se quedaba mirando absorta la escena y esperando que me desocupase de tan abrumadora situación. Ella era mi invitada pero yo intuía que no se sentía tan afortunada de serlo. Nunca entendí aquel evento y pensé en retirarme, no sin antes intentar cruzar el primer pasillo que a la vez servía de recepción para entender la estructura de esa actividad. Mi abuela, paciente y discreta, me esperó justo al inicio de la escalinata, mientras yo miraba pequeños panqués y viandas para los comensales, grandes veladoras color crema y muchos arreglos de flores artificiales. No entendía cómo iba a entrar en ese espacio tan reducido todo el pueblo al que ese señor había convocado. Sin embargo, me di cuenta que empezaron a llegar los invitados y cobrarban, y muy caro. Decidí retirarme con mi abuela. En eso vuelve otra vez el señor gobernador, con su vestimenta de siempre, y dice (no sé si dirigiéndose a mí, a nosotras o al aire): "Tengo que ir a otro evento" y eso significaba que me tenía que subir con él y con su ojiverde esposa a su camioneta. Eso hicimos.







Nos bajamos en un espacio al aire libre, parecían canchas de basketbol. Y preguntó de nuevo:







-¿Qué hacía el otro gobernador en cuestión musical?







Le respondí que hacía Tardes de Danzón a las personas de la tercera edad. Y él dijo:







-Pues aquí nosotros vamos a ofrecer danzón y salsa. Y se va a hacer para todas las personas. Serán eventos de salsa y danzón para toda la gente, multitudinario, que se llene esta plaza.







Y en eso me voy sacada de onda pensando el la trascenedencia de su propuesta. En eso me encuentro a mi amigo Ramón y me dice que ya empezaron a grabar los discos del Proyecto Rockola y que por ahí le dijeron que estaba mal todo, que para empezar las bocinas explotaron a los grupos y muchas cosas más. Le dije que ya sabía a qué se refería, ya que al único que están grabando por el momento es al Tícher del rock. Y me terminé de agüitar mucho, muchísimo. Estaba tristísima. Y así me levanté.