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lunes, julio 5

Si algún político no tiene cola que le pisen que me tire la primera piedra

En octubre de 2007 escribí un hecho sangriento ocurrido en mi cuadra, el único asesinato que ha habido desde que es calle.


¿Ya lo leíste? Bien, como verás no di muchos detalles, porque entre el shock-miedo no me quise meter. Pero hoy, sí, por varias razones 1) por la distancia en el tiempo de aquel evento , 2) porque alguien, que vio todo el show y hoy nos recordó la escena, y 3) porque es pertinente hoy a un día de la elección. Bien. Pues en la escena del chofer asesinado, llegó el hijo de su jefe como de rayo, no esperó a las autoridades ni a policía alguna, tomó presuradamente la cartera y celular del cadaver y se fue en frieguísima en su vehículo. Señores, ese es nuestro actual candidato electo como munícipe de Mexicali. Como de película de esas que uds. ya han visto, de acción. En aquel tiempo sólo tenía 30 años. No sé si vamospara atrás, para adelante o de plano seguimos parados en el mismo lugar.

lunes, junio 1

Tú a través del telescopio.

Y nos seguimos acompañando, carro a carro, en las noches rumbo a casa. Mi casa ahora es otra, pero seguimos en la ruta. Me sigues acompañando y mientras nos regalamos miradas transvehiculares sonarán las bocinas con alguna melodía, a veces, cada quien su melodía, pero esta noche era una letra de las más conocidas. Yo cantaba lo que la sintonía daba: datwan dat maikme laf shesaid y tú, dijiste en voz altísima pero sin gritar: 98.3 señalando la radio. Coincidimos, como muchas ocasiones. Y luego, la última esquina, en la que tu doblas antes de hacer una larga pausa, fijar tu dispersa vista en mí y terminal el ritual, que a veces extrañamos, lo sé porque sí. Nuestras despedidas.

Tu calle fue mi calle, sigue siendo mi calle, porque tanto años, tanta historia heredada de mi abuela no me la quitan de mí. Un camellón nos dividía. Una calzada le quitaba el nombre del prócer de la Revolución y la convertía en un país. Era todo... pero era la misma calle. Podría salir de mi casa, caminar tres cuadras en forma lineal y ya hubiera estado frente a la tuya. A veces pienso que la ventaja más grande fue que me tenías demasiado cerca, como al Oxxo de la esquina de tu casa. Malo. Recuerdo el telescopio con el que mi padre me enseñó a leer, un pasatiempo divertido que se convirtió mi juego infantil: pa-na-de-rí-a, Cri-crí, creo que mejor método didáctico no existe. En otras noches también con ese instrumento miraba a las estrellas y la luna. Pero después, en la pre-adolescencia, con mucha práctica lectora y aburrida del firmamento, mis intereses cambiaron drásticamente: empecé a buscar príncipes azules desde la banqueta de mi casa. Hubiera deseado tener un balcón, pero de este lado del camellón, pocas casas eran de dos niveles. Entonces, sacaba el telescopio y lo enfocaba rumbo al oeste, allá donde vives, y me imaginaba que me encontraría a chicos guapos. Quizá te miré a ti, quizá eras tú a quien miraba en los últimos años de vida a través del regalo más longevo de mi lejano padre. Tú a través del telescopio, allá donde mi calle pierde su nombre y nace otra la calle: la de los príncipes. Así que, aún vivo perdida en cuentos de hadas y eso que apenas Robert Smith ha terminado de decir just like heaven.

domingo, mayo 24

Vivía sola de lunes a viernes

¿Vives sola o con tus padres? De vez en cuando esta era la pregunta que me topaba con personas nuevas, que venían de fuera y empezábamos a conocernos. Para mí era difícil de responder, bueno, dejémoslo en "complicado". A veces les decía que en casa de mi madre y ya, suficiente, pero otras, cuando quería que la plática quizá se tornara un poco más larga, les decía que vivía sola únicamente de lunes a viernes, ya que sábados y domingos sí vivía con mi familia. Ahí empezaban una serie de explicaciones que en las últimas ocasiones remataron en una larga entrevista con medios de difusión internacionales.


Así, la televisión china y la prensa francesa hablaron con mi familia binacional que, como tantas familias mexicalenses y otras de frontera se las averiguan para vivir y convivir entre dos países. Al incio, mi madre aceptaba amablemente, pero ya he visto que se está cansando de recibir a gente que nunca ha visto y que no volverá a ver para platicarle de nuestra vida. Hemos sido una familia binacional desde hace casi un siglo. Relatos de la abuela de episodios binacionales datan desde antes de su nacimiento en Arzona, en elaño 1926. La Ley Seca, la II Guerra Mundial, el presidente Kennedy y las actuales ansiadas designaciones de nacionalidades, tanto norteamericana como mexicana son tema distintivo de nuestra familia.


Ahora seré más delicada a invitar a periodistas extranjeros a la casa de mi madre, porque además, desde hace unas cuantas semanitas ya no comparto su casa los fines de semana, bueno, casi, porque la frecuento con regularidad, como a ella le gusta. Ahora me fui a vivir con Barbie, mi perrita que ya casi se volvía loca de soledad. Así es, ella tenía casa para ella sola y ya le faltaba su Kamelie cerca. No percibo gran diferencia a mi vida anterior, sólo que la comida se me hecha a perder con facilidad (es mucha para tan poca actividad en la cocina).


Estoy muy contenta porque he descubierto a una gran vecina. Pensaba que tenía una vecina buena y una mala, refiriéndome a las del lado izquerdo y derecho de mi casa. La casa de frente estaba recién desocupada. Después un matrimonio joven la ocupó. He sido muy afortunada en tenrlos frente a mí. Y no lo puedo creer, tengo muchas coincidencias con ella, además de ser recién llegadas al barrio y vivir una frente a la otra, ambas tenemos similares edades, estudiamos la misma carrera, con uandiferencia de un año, lo cual no significa que compartas el mismo círculo de amigos, pero... ¡compartimos el mismo círculo de amigos! El 90% de las personas que me mencionó los conozco y me caen superbien, creo que ella era la única a la que no conocía, de hecho sin saberlo casi nos vemos en la reunión de amigos en un rancho varias horas de aquí. Ahí no para la cosa: también nacimos el mismo día y su hija lleva mi nombre.

La otra vez estaba yo metidísima en el jardín podando unas topiarias y se acerca a la banqueta a comentarme algo. En ese momento tuve un flashback a la serie que sucede en Wisteria Lane y casi me vi en los zapatos de Bree, pero creo que ellas aún no han hablado de garrapatas y drenes subterráneos.

La vecina y yo, nos cuidamos la casa, yo almaceno su correspondencia cuando salen de la ciudad y ella me regala deliciosos cupcakes. Somos buenas vecinas, espero que seamos algo así como las buenas vecinas que tenía mi abuela.

Hace poco estuve dos horas encerrada en mi jardín, entre la superbarda frontal y mi casa. ¿Las llaves? Bien gracias, adentro superbien guardadas. La única llamada al celular que me quedaba no sirvió para traer al principe azul a mi rescate. Ella me ayudó y aunque no encontró una escalera para brincarme, me prestó su teléfono y pude llamar a un cerrajero que no pudo hacer nada más que cobrar la gasolina que gastó. Después llamé al príncipe azul y como a la tercera llamada lo encontré y vino corriendo a mi rescate. Y todo por Breenda, mi vecina maravilla. Además Breenda tiene muchas actividades muy interesantes. Y bueno, cómo sé que lo más probable es que lea esto ¡Saludos a la mejor vecina! ¿A poco no soy una suertuda?

jueves, noviembre 1

Halloween en la Témoc

Un grupote de niños llegó con el jatdoguero después de que uno gritara a todo pulmón ¡sí dan triki triki! Veía que la ayudante en vez de preparar mi hot dog atendía complacientemente a los mounstritos que se le acercaban. Mi primer pensamiento fue "Yo no daría triki triki si los niños no vienen vestidos con algún detalle, por lo menos, alusivo a la macra fecha", pero ya con el pan el la boca observaba que SÍ venían disfrazados ¡qué bruta! ¡qué tontuela de mí al no saber que esos sí eran disfraces!, no como los que venden en Walmart, vean:

  1. Tres niñas greñudísimas, como que si se acabaran de levantar después de una noche de desgrañadas con grandísimas camisetas negras (seguramente de sus papás) y voletadas hacia adentro (para que no se vea la imagen no-macabra).
  2. Un niño con los pantalones y camiseta viejos (como del grado escolar anterior) rasgados cuidadosamente, claro, doble camiseta, efecto prenda sobre prenda.
  3. Una pequeñita de tres años aproximademnte, con un kimono como saco, perdida en la jatdoguería.
  4. Una bata de Harry Potter con niño.
  5. Un niño en silla de ruedas cuyo papá bajaba por su hotdog y su triki triki.
  6. Un niño feliz con su sudadera naranja con mangas negras.
  7. Un niño con un... ¿trapo? en el tobillo derecho naranja.
Estos son los disfraces de los niños de mi colonia, así disfrutan acá, en la Témoc, por eso supongo (y sólo es eso, mera suposición) que hay mucha creatividad en estos infantes, que se las arreglan para divertirse esa noche, con lo poco o poquísimo que tengan.

Después me detuve en una casa por unos segundos y los vecinitos de enfrente gritaban: ¡Aquí sí damos triki triki! ¡Sí hay!, pobres, la urgencia que traía y mayormente mi pena por no llevar disfraz me hicieron que ignorara esas suplicas por recibir aquellos dulces. Eso me recordó el 31 de octubre pasado, el que disfracé la sala de mi casa y la entrada, compré velas, telerañas y un CD de efectos macabros, otro de música tétrica; y todo para nada, llegaron muy pocos, hasta dulces sobraron. Aquellos niños que fueron dejaron en la sala y en mis zapatos de ballet (eran parte de mi disfraz) clara de huevo, de los que quebrarían en sus travesuras, uno de ellos regañó al otro por comenter semejante testarudez (yo creo que más por vaciar la reserva que por ensuciar mi casa).

Quizá alguien se interrogue ¿Y por qué Kamelie defiende esa costumbre anglosajona? es sencilla la respuesta: me siento mucho más identificada con esa costumbre que con los altares. Mi familia más mexicana de origen zacatecano y sonorense nunca los vi intentar hacer algo con esa costumbre de hacer altares. En cambio, mi abuela, mi segunda madre, nació en EUA y ella nos festejaba ese día. Así que yo lo festejo en honor a mi abuela gringa, de la que también heredé el gusto por la tortilla de harina, la carne de machaca y las empanadas de membrillo. Aunque mi "festejo" se vino abajo por tanto trabajo.

Por cierto, acabo de captar que le compré disfraz a mi Barbie y... ¡no se lo puse! ¡Tampoco le dí su triki triki! (huesitos con envoltura de halloween). Oh, qué nefasta.

martes, octubre 30

Tragedia en mi cuadra

Como estoy de vacaciones, tengo portunidad de estar en la recámara de mi mamá viendo TV por cable. Siempre me ha dado miedo su recámara está algo expuesta a la vía pública y su cama blandita queda justo frente a un gran ventanal. Sin excepción, cuando estoy ahí imagino una persecución a tiroteos y que uno traspasa el cristal. Ayer no fue la excepción, la incomodidad estuvo ahí, la vulnerabilidad de estos días de violencia se hizo presente, pero a diferencia de otros días estuvo justificada.

Como ya era mucho descansar decidí que a las 3 de la tarde era suficiente para ir a terminar unos pendientes domésticos y salir en mi carro. Cuando regresé a las 5 de la tarde, mi mamá estaba prendida del teléfono, entre enojada y preocupada:

-Ay tu hermano, que no me puedo comunicar con él.
-Sí, a ese teléfono ya no le sirven los números...
-No, está colgado llamando desde hace una hora, y ahora que mataron a un tipo ahí con la familia X. Cerraron la cuadra y yo vi al tipo vivo ahogándose en su propia sangre, Im-pe-sio-nan-te
-Queeeeeeeeeeeeé. ¡Nomás me voy un par de horas y todo cambia acá!

Así fueron las cosas:

A las 3, 30 pm un carro azul intentó (eso lo dijo la vecina) estacionarse FRENTE A MI CASA, en el ventanal de la recámara de mi mamá y vio que el carro tojo venía cerca y le dio al acelerador y se estacionó frente a otra casa más adelantito (casa de unos parientes políticos nuestros) y el tipo, chofer del Per. Tej., no alcanzó a huir y frente al cerco, en plena banqueta recibió un tiro. Mi mamá que tenía una cita salió después de mí y vió al tipo tirado, un motón de gente y se asustó pensando que era alguien de la familia. Se dice que aun no había llegado la ambulancia, ni la patrulla y ya la escena había sido contaminada. Asco del poder. Asco de la violencia diaria. Qué mal que ya la violencia llegue a las puertas de tu casa. Un día ves a niños jugando futbol en la calle y al otro un charco de sangre.