miércoles, febrero 1

Grizzly man



4 1/2 estrellas. Documental, EUA, 2005, 104’, dirección y guión por Werner Herzog. Quizá amemos en extremo la naturaleza, el bosque, los animales. Posiblemente siempre hemos deseado escaparnos en vacaciones a ese paraje rebozante en verde, lleno de árboles, animales e insectos que nos haga sentir en verdadero contacto con el planeta. Si somos un poco más aventureros pensemos en algún deporte extremo antes del ecoturismo. Ese era el sueño de Timothy Treadwell, un naturalista estadounidense que amaba la vida salvaje, en especial los osos grizzly de Alaska quienes lo llevaron a su muerte en el año 2003.

Gracias a los rollos de película que en su gran mayoría el mismo Timothy filmó, casi como una herencia, el famoso director alemán Warner Herzog pudo armar con singularidad maestría un relato coherente de los viajes de verano de este arriesgado explorador, sumando entrevistas a familiares y amigos para atar cabos y formar un retrato psicológico y social de este rarísimo personaje. Porque Timothy no era un tipo común, inició una trayectoria como clavadista que se vio truncada por una lesión en la espalda, fue un actor frustrado de Hollywood, era ex drogadicto, también mitómano al grado de cambiar su nacionalidad y fingir su acento adoptando la finta de australiano, similar a un rudo cazador de cocodrilos.

Ante este panorama, qué opción queda cuando te sientes deprimido por no verte en las actividades deseadas, cuándo se tiene un rechazo social, a qué hacerse adicto cuando deseas limpiar tu mente y cuerpo. Este explorador, decidió resolver su vida uniéndose a un nuevo grupo social: el de los osos grizzly, populares por ser una especie de osos de lo más grandes y agresivos de este planeta. Decidió ser un ermitaño de verano al grado de exponer su vida y la de su novia. Filmaba cual productor de cine, repetía tomas hasta que quedaba satisfecho. Los paisajes en donde transcurren sus aventuras son magníficos, escenarios perfectos lo que hace que en ciertos momentos empatemos con él y su elección de vivir entre tal belleza, buena fotografía. Sin embargo, en el transcurrir de sus monólogos nos damos cuenta de sus odios personales (a los cazadores de osos, a los guardias del parque) y de sus temores (a no encontrar el amor, a la soledad).

Al llegar a ese punto Herzog no se conforma sólo con editar el discurso de Timothy sino que en voz en off interviene en contadas ocasiones para cuestionar afirmaciones o ideas sustanciales en el pensamiento del explorador, que no quiere darse cuenta que la naturaleza no todo es bello y armonioso, incluso que el padre oso puede matar a su pequeño por mero instinto. Gracias a la mano de Herzog, la película es todo un poema que nos cuestiona nuestro papel en la naturaleza y la convivencia que llevemos con ella. Incorpora escenas que quizá hubieran sido desechadas o sacrificadas por otros editores de estilo más práctico y mucho más convencionales.

Por eso mismo, y quizá para dignificar esta cinta, para nulificar el morbo y respetar el sufrimiento familiar y tratar de olvidarse él mismo el ser testigo de la espantosa muerte, aunque sólo fuese de manera mediada, el director se abstiene de proporcionarnos el audio del rodaje fatal, del momento en que Timothy y su novia fueron devorados, ya que la cámara grabó la escena, aunque sin imagen (la lente estaba cubierta). Un ejemplo de ética mediática. Grizzly man es el testimonio de una obsesión llevada hasta sus últimas consecuencias. Por lo pronto, mi temor por los perros grandes (mi fauna más cercana) ha ido en aumento. Liga a la película: http:// http://www.grizzlymanmovie.com/


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