martes, febrero 21

Cómo Anita Pérez superó a la Barbie™ (y no precisamente en Miss Muñeca) o la historia de una muñeca que sobrevió a otras 43.

De la serie Historia de muñecas.
Para la niña Athié,
compartiéndole a la Pérez.
Yo tendría como 10 años. Mi mamá nos dijo a mis hermanas y a mí que nos preparáramos porque nuestro papá nos llevaría a comparar el regalo del Día del Niño, el cual sería una muñeca para cada una de nosotras. Él pasaría por nosotras en menos de 30 minutos. En ese momento pensé “¡Otra Barbie™! ¡qué bien!”. Ella nos dijo que regresaríamos pronto a casa ya que la tienda estaba a cinco minutos. Yo no recordaba que vendieran Barbies tan cerca de la casa. Ella dijo que ahí no vendían Barbies sino muñecas Pérez y que ni de chiste le dijéramos a papá que queríamos otras, porque esas muñecas, las Pérez, eran muy bonitas y además muy costosas.


Llegamos y vi que no había gran variedad, sólo estaban esas muñecas grandotas, como del doble de tamaño de la que en realidad soñaba. En la tienda de las Pérez la mayoría eran Juanitas, con su cabellera lacia y café claro, con copete. Niñas grandes. Mis hermanas seleccionaron sus respectivas. Por mi parte me resistía a tomar alguna: yo quería mi Barbie™. La empleada seleccionaba los atuendos colgados en ganchos miniatura como si fuera una boutique: chales, vestidos y zapatitos para las Pérez. Quería mi Barbie™ pero también recordaba la cara que Ella pondría cuando regresara a casa. En fin, me autoconvencí que la soñada Barbie™ la pediría en mi cumpleaños o quizá hasta Navidad y que tenía que elegir ya una de la Pérez.


La empleada sospechaba que estaba a punto de perder una clienta y me señaló a otra de las Pérez, a Anita, una muñeca con cuerpo similar a la que quería. Anita parecía la mamá de las Juanitas, pero extrañamente tenía igual tamaño. “Debería ser más alta” me dije. Anita era hermosa. Tenía un sedoso y abundante cabello rubio, ojos verdes y una boquita cercana a la forma de un corazón, nariz respingada, senos bien formados, cintura pequeña, talle largo y unas piernas tan bien torneadas que jamás he visto un par que se les asemeje. La llevé conmigo y me olvidé de la otra, por el momento, esta era la mejor.


A los pocos meses cerraron esa tienda y ya no más las muñecas traídas del DF se vendieron en Mexicali. Mis padres se separaron para siempre y a los pocos meses perdimos comunicación con papá. Anita es el único regalo que conservo de él y no atesoro ninguna Barbie™ de aquel tiempo.

8 comentarios:

Vivia dijo...

Sabes.. Yo tambien guardo una bicicleta que mi papa me regalo.. ya no tienes llantas y esta arrumbada. pero me resisto a que la tiren.. Es lo unico que me quedo de el hace mas de 20 años que no se nada de el.. Bonito post.

avedeeo dijo...

aww :'(

patUnio dijo...

tsss que historia...bien se dice que el exterior no lo es todo...y que no hay mejor recuerdo que la memoria...

A.M. dijo...

wiiiii... esta bien bonito!

Marcos Legaspi dijo...

es cuando pienso... "por algo pasan las cosas"

fue mejor que hayas comprado esa Pérez a una "fake Barbie" que quien sabe si te recordaría a tu papá...

me hiciste relfexionar...

marisol dijo...

Que hermosa historia :)

gracias por compartirla

Tabuco dijo...

Rifo este texto..., y me ondio al final

Maru Delahanty dijo...

Hola!
Soy fan de las Pérez, yo diría obsesiva de las Pérez, y cuando vi la foto de tu Anita me encantó! Leí tu historia y me pareció preciosa.
Te felicito!!!